El Festival de Música de Canarias, vieja aspiración de varios sectores de la sociedad isleña, celebró su primera edición en enero de 1985 -declarado 'Año Europeo de la Música', en conmemoración a los tricentenarios de Bach, Haendel y Scarlatti- por iniciativa del entonces Presidente de Canarias, Jerónimo Saavedra.
Los tres objetivos fundacionales fueron, en primer lugar, enriquecer la oferta cultural de una región que goza de una secular tradición en cuanto a lo musical, desde los albores del siglo XIX, cuando las compañías de ópera europeas hacían escala en Canarias en su camino a Sudamérica, aprovechando la estancia para ofrecer una serie de representaciones que fueron creando un importante acervo musical. Además, no debemos olvidar que en Las Palmas se encuentra la sociedad privada de organización de conciertos más antigua del país, la Sociedad Filarmónica de Las Palmas, con más de ciento cincuenta años de existencia y de la que fue presidente el mismísimo Camille Saint-Saëns.
El segundo de los objetivos era prestigiar internacionalmente el nombre de Canarias más allá del tradicional cliché de 'sol y playa', favoreciendo así la tercera meta, promocionar la afluencia a las Islas de un turismo cultural de un nivel superior al habitual.
Hoy, cuando hemos rebasado la XXVII edición del festival, podemos declararnos sin ambages enormemente satisfechos del grado de cumplimiento de los reseñados objetivos. En particular del tercero, que, con la puesta en marcha del Auditorio de Tenerife, duplicando la oferta de plazas anteriores, permitirá el acuerdo con los tour operadores para promocionar Canarias como destino específicamente cultural.